Catamarcactual también se queja.
Marta Torres de Mansilla fue esta semana la cara visible de una histórica carencia del gobierno de la provincia: la falta de políticas de prevención ante imponderables con los que nos puede azotar la naturaleza. La creación de pomposas “Comisiones” han dado el mismo resultado con relación al anterior estado de situación: sigue la improvisación fruto de la falta de sensibilidad social.
Los recientes sucesos desastrosos provocados por las lluvias ocurridas en la provincia, dejaron anegados amplios sectores de la zona sur de la ciudad, precisamente la más descuidada por la política central del gobierno provincial y del municipio de
La carencia de una planificación correcta al permitir la localización de barrios en zonas inundables -un error que en el futuro y con una tragedia peor puede generar un escenario de emergencia trágico- a cambio de entregar títulos de propiedad en tiempos preelectorales, son los condimentos de un esquema pernicioso y degradante para los propios damnificados.
Las manifestaciones públicas de los pobladores, con derechos ciudadanos consagrados constitucionalmente, han demostrado que pretenden dignidad y no limosnas. Precisamente, esa “construcción de ciudadanía” para los sectores más postergados figura en el vocabulario de Marta Torres de Mansilla. Pero en la práctica, su prédica es ahogada por la inutilidad de las acciones que toma en general su Gobierno.
Ya sucedió con la última catástrofe vivida en setiembre de 2004 cuando el terremoto demostró que las escuelas realizadas durante la gestión del Frente Cívico se caían a pedazos, mientras que las edificadas en tiempos anteriores se mantuvieron en pie. Eso fue fruto de la corrupción en la obra pública porque el Estado pagó viviendas a precios excesivos comparados con la calidad de terminación.
En ese tiempo también se investigó qué sucedieron con la carpas enviadas por el Ministerio de Desarrollo Social de
Esos misteriosos silencios oficiales, las complicidades con empresas amigas de los caudillos y la ambición de poder para domesticar a los sectores más carenciados, determinan que hoy hablemos de otro tipo de inundaciones, algo peores, fruto de la desidia y la insensibilidad.
No dudo de la capacidad de la Sra. Torres de Mansilla, lo que lamento es que no se dé cuenta que la gente que la rodea es incompetente. Lastima que el trabajo social no se realice como ella piensa que se debe realizar.